Las empresas piensan en la Generación Ipod
En un artículo de Silvia Naishtat para Clarín cuenta que la llamada generación Ipod, que ha pasado a ser un verdadero dolor de cabeza para las empresas. Dicen que no hay compromiso, se evita el esfuerzo y la perseverancia y los planes de carrera que les ofrecen las corporaciones, les despiertan muy poco entusiasmo. Se asegura que pese a que la crisis aprieta y el desempleo sigue siendo elevado, no son fieles a las compañías, aprovechan la formación y al poco tiempo dicen adiós. Otros opinan que la gente de esta generación están instalados en el presente y se desmotivan muy rápido.
Uno de los mayores expertos en el tema, que suplica el anonimato, señaló a Clarín: "En todos los estratos sociales, estos jóvenes tienen compromiso, solo si vale la pena". Así, los describe con esa característica de toco y me voy, que le da gran importancia al clima de trabajo pero con otra valoración.--¿Son responsables?--Tienen una actitud diferente respecto de otras generaciones: no se quedan a vivir en la empresa, son cortoplacistas. Es decir, buscan concretar sus ambiciones muy rápido. Eso significa jerarquía y dinero. Quieren todo ya".
Son de la cultura del ahora.
El problema es si la educación baja línea sobre la cultura del compromiso, el esfuerzo y la perseverancia. O todo lo contrario.
Padres que siguieron las normas y fracasaron. Paises que no contienen sino que expulsan.
Políticos o personas con poder que no son ejemplo de nada... Vuelvo a lo de siempre, los chicos no tienen la culpla... los adultos ¿que les enseñamos?
Las empresas empiezan a pensar...
Este link con La Nación tiene una nota muy completa titulada “El ocio remunerado” y me alegra que esto se difunda y se entienda como algo absolutamente necesario en el ámbito laboral y profesional. Entre acá y lealo:
El ocio remunerado
Desde hace un tiempo, algunas empresas en Buenos Aires incorporaron espacios para la distensión: yoga, metegol, masajes, clases de baile, son algunas de las opciones…

Fuimos los primeros en Coaching Creativo
Servicio de seguimiento diario vía email o msn o Skype.
Para poder hacer foco todos los días.
Para recibir disparadores y poder tener contención diaria frente a nuestra problemática personal, laboral o profesional.
Todos los días existe un email o un msn o una llamada por Skype de parte nuestra o del participante donde podemos hablar y trabajar algún disparador o seguir alguna necesidad puntual ya sea con ejercicios de creatividad, estimulaciones creativas o simplemente con trabajos de repregunta o de coaching individual.
Un servicio rápido, ágil, que en unos pocos minutos diarios puede darnos un “nuevo aire” sobre nuestros problemas. Evita los problemas de horarios, distancias o falta de tiempo. Puede formar parte de nuestra rutina diaria de revisar el mail o chatear un rato.
Este sistema es útil, si ya se ha trabajado una base de coaching creativo y se hace como apoyo, seguimiento o después de un tiempo de terminado el coaching presencial o vía email, se necesita un refuerzo puntual. También, si se necesita un consejo diario o una contención diaria por adicciones o conductas compulsivas.
Consiste en un fee mensual que representa 20 sesiones en el mes.
Estamos a su disposición. Siempre en contacto.
Saludos cordiales,
Mabra
Lic. María Beatriz Ruiz Alonso
SKYPE: mabra.crein
MSN: mabracrein@hotmail.com
info@tallerescrein.com
tallerescrein@fibertel.com.ar
TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO
Una amiga me acercó este relato maravilloso que me parece interesante compartir con ustedes y para reflexionar... es un modo de mirar la realidad desde otro lugar...
TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO: entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a MOUSSA AG ASSARID
No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...! Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo
- ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor... - Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
DANZATERAPIA CREATIVA PARA LOS ADULTOS MAYORES
http://www.fundacionsonialopez.org.ar/Prensa.htm

AGOSTO 2009
Compartimos con ustedes un año más de vida dentro de este mundo global, llevando nuestra creatividad a través de Internet y de nuestros talleres presenciales.

Seguiremos en la web con nuestros disparadores, estimulando creativamente a todos nuestros participantes.
¡¡¡Gracias por estar siempre!!!
Porque las ideas siguen girando...
20 de Julio: El hombre pisó la luna y es el DIA DEL AMIGO!!
Hacer Foco y Pensar Bien...
Creemos que los que defendemos la teoría de “hacer foco” para poder concretar nuestras necesidades, tenemos una visión positiva dentro de esta manera de pensar. No pierda el tiempo con pensamientos que lo distraigan… pero es interesante leer algunas otras maneras de hablar de este tema.
Acá te transcribimos el artículo.
Si no quiere que ocurra, trate de no pensar en ello... si puede
Tratar de reprimir un pensamiento incrementa las posibilidades de que éste regrese
Benedict Carey
The New York Times
NUEVA YORK.- Las visiones parecen provenir de las "cañerías" de nuestro cerebro durante los peores momentos posibles, durante entrevistas laborales, una primera cita, una importante cena de trabajo. ¿Qué pasaría si empiezo una guerra de comida con los hors- d´oeuvre o me río del tartamudeo del anfitrión?
"Ese simple pensamiento es suficiente -escribió Edgar Allan Poe en El demonio de la perversidad, ensayo acerca de impulsos indeseados-. "El impulso progresa a un querer; el simple querer, a deseo; el deseo, a un anhelo incontrolable."
Agrega: "No hay pasión en la naturaleza tan demoníacamente impaciente como la de aquel que, tiritando al borde del precipicio, considera la idea de la caída, o la del que medita sobre la pregunta: «¿Estoy enfermo?»".
En algunos pocos casos, la respuesta puede ser afirmativa. Pero la gran mayoría de las personas rara vez, si alguna, actúa a partir de estos impulsos. Y estas rudas fantasías de hecho reflejan la actividad de un cerebro sensible y socialmente normal, sostiene un trabajo publicado la semana última en la revista Science .
"Hay todo tipo de trampas en la vida social, dondequiera que miremos; no sólo errores, sino que los peores posibles errores vienen a la mente fácilmente -explica el autor del trabajo Daniel M. Wegner, psicólogo de la Universidad de Harvard-. Y el hecho de que venga a nuestras mentes lo peor, en ciertas circunstancias, puede incrementar las posibilidades de que pase."
La exploración de impulsos perversos tiene una rica historia (¿podía ser de otra manera?), desde las historias de Poe hasta las del marqués de Sade a los deseos reprimidos de Freud y las observaciones de Darwin acerca de muchas de las acciones que se realizan "en directa oposición a nuestras voluntades conscientes".
En la última década, los psicólogos sociales han documentado cuán comunes son estos impulsos y cuándo aumenta la posibilidad de que alteren el comportamiento.
En un nivel básico, ser socialmente funcional significa controlar nuestros impulsos. El cerebro adulto gasta, sugieren algunos estudios, la misma cantidad de energía inhibiendo que actuando, y la salud mental se basa en inventar estrategias para ignorar o suprimir pensamientos muy turbadores, como el de la propia muerte, por ejemplo. Estas estrategias son programas psicológicos generales, subconscientes o semiconscientes que usualmente se manejan con el piloto automático.
Los impulsos perversos parecen aparecer cuando las personas se concentran intensamente en evitar errores específicos o tabúes. La teoría es simple: para evitar insultar a un colega, el cerebro primero tiene que estar pensando en esto; la misma presencia del insulto catastrófico, a su vez incrementa las posibilidades de que lo digamos.
"Sabemos que lo que está en nuestras mentes puede influir en nuestros juicios y comportamientos simplemente por estar ahí, flotando en la superficie de la consciencia", opina Jamie Arndt, psicólogo de la Universidad de Missouri.
La evidencia empírica de esta influencia se ha reunido durante los años recientes, como el doctor Wegner documentó en su nuevo trabajo. En el laboratorio, los psicólogos tienen personas que tratan de desterrar un pensamiento de su mente y encuentran que éste vuelve, alrededor de una vez por minuto. De igual manera, a las personas que tratan de no pensar en cierta palabra se les escapa durante un test rápido de asociación de palabras.
Incluso los "errores irónicos", como los llama Wegner, son muy fáciles de evocar en el mundo real. Hay estudios que muestran que los golfistas que saben que deben evitar errores específicos los hacen más cuando están bajo presión.
Los esfuerzos por ser políticamente correctos pueden ser particularmente traicioneros. En un estudio de investigadores de las universidades Northwestern y Lehigh, 73 estudiantes leían una historieta sobre un compañero ficticio, Donald, un hombre negro, en la que se lo describía de manera ambigua. Después, tenía que responder preguntas acerca del personaje. Un grupo trataba de evitar caer en estereotipos y el otro no se controlaba.
El estudio proveyó "una demostración de que la supresión de estereotipos hace que estos se vuelvan hiperaccesibles", concluyeron los autores.
El riesgo de decir o hacer algo que no queremos depende del estrés que experimentamos, según Wegner. Al concentrarnos intensamente en no mirar fijo un lunar prominente de un nuevo conocido, al tratar de seguir una conversación, aumenta el riesgo de decir: "Leímos sobre el lunar -es decir, sobre la Luna. ¡Luna!"
"Hay cierto alivio en que pase lo peor, para no tener que seguir preocupándonos más", explica Wegner.Algo que puede ser difícil de explicar, claro, si uno acaba de arruinar la fiesta.





